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Editoriales de Jesus Gudiño Pelayo

septiembre 27, 2010

A la memoria de Jesús Gudiño Pelayo, ministro justo

Amanece temprano en Bogotá, con frío y niebla en la Sierra que flanquea la ciudad, donde el paisaje se vuelve rojo por los edificios de ladrillos de barro, esos que el arquitecto Rogelio Salmona trabajó como piezas de tapiz. Los bogotanos caminan a sus tareas, entre suspiros de lluvia o con aguaceros francos.

La Embajada de México en Colombia me invitó a leer poemas en una Tertulia Poética que sesiona desde hace 10 años cada mes. Y a presentar mi libro (y de Sebastián Picker, pintor): Tolerancia, un quehacer humano, de ediciones Petra, colección Ciudadanía temprana, para jóvenes, y para adultos con corazón todavía fresco, en el Centro Cultural Gabriel García Márquez, del Fondo de Cultura Económica, una de las obras póstumas del arquitecto bogotano.

Leí poemas de Mansos diluvios (editorial Arlequín) e inéditos. Estos últimos hablan del torturado, del jornalero indígena que emigra cada temporal para el cultivo del tomate de exportación; del niño sobreviviente de Acteal, de la mujer asesinada en Ciudad Juárez, o de los padres que enferman al perder a sus hijas en el Norte, porque alguien les dijo estúpidamente que los hombres no lloran; de las amas de casa que no quieren pagar los platos rotos en una patria que quema a sus soldados en vez de exigir que los policías civiles hagan bien su tarea, que para eso había diseños constitucionales largamente acariciados en distribución de competencias. Son poemas escritos entre 1997 y 2006.

¿De qué escribir ahora? ¿De cabezas cercenadas? ¿De costales con cuerpos que alguna vez una mamá, una esposa, un hijo abrazaron, fueran narcos o no? Pues sí. También de eso hay que escribir. Y llevar cuenta. Y condolerse con los deudos, sean del bando que sean. No alivia la alta cifra de muertos caídos del lado del crimen; hay que entender por qué llegaron a donde llegaron y de qué familia, escuela, empresa, barrio o proyecto de nación fueron expulsados a tal grado que optaron por las balas o los cuchillos. Qué tarea hizo falta, quién los hizo sentirse tan inermes, tan alejados del sistema de justicia, que no vieron otra parcela qué cultivar sino la que se les impuso para sobrevivir. Como a los 72 emigrantes del rancho San Fernando en  Tamaulipas, que sin embargo se plantaron y dijeron NO. Paradoja enorme que nos lleva a preguntarnos cuántos dijeron antes SÍ. No es tan simple el análisis. No digo que se opta por la violencia sólo por exclusión social. También por ambición de poder. Y desde sitios de poder, lo cual es el ejercicio de la peor de las violencias, por su poder corruptor.

Como 150 personas acuden a la tertulia. Agradecen escuchar sobre todo lo más fuerte, pues han pasado por trances similares. Agradecen que la poesía sin embargo aterrice en la esperanza. ¿Dónde, si no, cuando la luz amaina?

Las ‘‘inquietudes’’ del ministro Gudiño

El periodista Carlos Avilés Allende, probablemente el mejor cronista actual de los asuntos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), escribió en su blog de El Universal “Los rostros de la justicia”, el lunes 20: “Las vacaciones no eran lo suyo. Al menos no últimamente. En 2007, mientras vacacionaba, sufrió un infarto y tuvo que ser operado de emergencia. Le hicieron una cirugía a corazón abierto. Tardó semanas, meses, pero se recuperó. Regresó a la Corte casi sin voz, más delgado, más pálido, con un andar más pausado y la clásica distracción y ensimismamiento que lo caracterizaba, lo mismo en una plática que en una sesión. Pero con una nueva visión del mundo, de la justicia”.

Se refería al ministro jalisciense José de Jesús Gudiño Pelayo, quien había fallecido en la víspera, el domingo 19, en Londres. Estaba de vacaciones.

Igual que en aquel 2007 cuando, tras la larga convalecencia regresó al máximo tribunal del país y se metió de lleno, con pasión jurídica, con profundo estudio de los fundamentos constitucionales, en los temas más polémicos de los últimos años en el país desde una posición que los expertos calificaron como “liberal”.

Mariano Azuela Güitrón, el ya jubilado ex presidente de la Corte, describió a su manera al fallecido ministro Gudiño. Entrevistado brevemente por periodistas durante una visita a Guadalajara el lunes 20 para presentar el libro sobre su abuelo, el escritor laguense Mariano Azuela, el ex ministro no quiso encasillar a Gudiño como miembro del “ala liberal” de la Corte, pero no escatimó en calificarlo como un excelente jurista, estudioso, muy preparado, al margen de que no compartió algunos fallos con él, como el de defender la vida desde la concepción.

En 1998, el ministro Gudiño, quien falleció tras acumular más de tres décadas de carrera judicial, presentó su libro “El Estado contra sí mismo”, en el que desmenuzó una serie de cuestionamientos sobre la validez y pertinencia de la creación de las “comisiones gubernamentales” de derechos humanos.

“No era necesaria”, expone en su libro, y explica que “el remedio de fondo, la verdadera medicina, debió ser hacer funcionar de manera óptima lo que no funcionaba o lo hacía deficientemente, como, por ejemplo, robustecer y apoyar a la administración de justicia, sobre todo a la judicatura de amparo…”.

Conservo el ejemplar que amablemente me dedicó el ministro Gudiño “con el gusto de compartir estas inquietudes”. Su trayectoria fue reconocida ayer en un homenaje de cuerpo presente en la que fue su casa profesional desde 1995. ¿Cuántas cosas siguen sin funcionar o haciéndolo “deficientemente” en nuestro sistema jurídico, una de las muchas inquietudes de este hombre de leyes que ha muerto prematuramente? ¡Descanse en paz el ministro José de Jesús Gudiño Pelayo!

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Fallece ministro de la SCJN

septiembre 20, 2010

Jose de Jesús Gudiño Pelayo.

Fue electo para ser parte de los ministros que abandonarían su cargo hasta el 30 de noviembre de 2015. NTX

  • En la academia y en el foro jurídico lo ubicaban en el ala liberal y garantista de la Corte

El juez de la Suprema Corte de Justicia de la Nación falleció de un infarto este domingo

CIUDAD DE MÉXICO (19/SEP/2010).- La muerte del ministro José de Jesús Gudiño Pelayo deja un hueco en el ala liberal y garantista de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

Gudiño Pelayo falleció este domingo en Londres durante sus vacaciones, víctima de un infarto. El jalisciense tenía 67 años.

Se definía como un ministro conservador, pero en la academia y en el foro jurídico lo ubicaban en el ala liberal y garantista de la Corte.

Fue un juez de carrera. Prácticamente toda su trayectoria la hizo en el Poder Judicial de la Federación, pero, de alguna manera, su otra vocación era la academia.

En los temas polémicos, aunque estuviera en la minoría, se mantuvo a favor de defender causas como la de la periodista Lydia Cacho. Pero también formó parte de los bloques clave, de mayoría, que ayudaron a validar la despenalización del aborto en el Distrito Federal.

Y, en particular, en los últimos meses tuvo una actuación destacada, como presidente de la Primera Sala de la Corte, en la liberación de los presos, injustamente, lo mismo del caso Acteal, que del caso Atenco o de las indígenas queretanas Alberta y Teresa.

Su carrera en el sector judicial la inició en 1977 como secretario de Estudio y Cuenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. El mismo lugar al que regresaría hasta 1995, pero ya como ministro, a iniciar una nueva etapa en la vida del máximo tribunal del país.

Después de desempeñarse como juez y magistrado, Gudiño fue elegido por el Senado para integrar la Corte que surgió tras la reforma de 1994 que modificó la estructura del alto tribunal y que lo dotó de más atribuciones y facultades, que a la postre permitieron que adquiriera el poder que actualmente le permite ser el árbitro que resuelve los conflictos más importantes del país.

Gudiño fue electo para ser parte de los ministros que abandonarían su cargo hasta el 30 de noviembre de 2015.

Gudiño es el segundo ministro de la nueva generación que llegó a formar parte de la Corte, tras la reforma del 94, que fallece antes de culminar su encargo. En junio de 2004, también falleció el ministro Humberto Román Palacios, dos años antes de que terminara el periodo para el que había sido electo.

El presidente de la República, Felipe Calderón, será el encargado de enviar al Senado una terna de candidatos a ocupar el cargo que quedó vacante en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Conforme al criterio establecido en el caso de Román Palacios, el nuevo ministro que elija el Senado no llegará para cubrir los cinco años que le restaban a Gudiño, sino por un nuevo periodo de 15 años.

De la nueva designación dependerá el futuro de los juicios más importantes del país, en particular en una época como la actual en la que la Corte suele emitir votaciones muy divididas, en las que un voto puede hacer la diferencia y definir de qué lado se inclina la justicia.

Pero también el perfil que adoptará el máximo tribunal del país, esto es si uno más conservador o liberal.

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Analiza ministro cambios a la nueva reforma penal

agosto 31, 2010

Ministro José Gudiño Pelayo foto de archivo

Fecha: 08/28/2010 21:09

En conferencia, aseguró que no hay vía de regreso

El Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, José de Jesús Gudiño Pelayo, visitó el Paraninfo Enrique Díaz de León de la Universidad de Guadalajara, para dictar una Conferencia Magistral sobre “La Nueva Justicia Penal”, la cual resaltó, la novedad que alberga es la introducción de la justicia alternativa, es decir, la negociación de la pena.

El acto, celebrado la tarde de este viernes fue presidido por el diputado, José Trinidad Padilla López, presidente de la Comisión de Educación Pública y Servicios Educativos de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. En tanto que el rector general de la Universidad de Guadalajara, Marco Antonio Cortés Guardado, fungió como presentador.

Cortés Guardado, le agradeció aceptar la invitación y le transmitió el reconocimiento de los universitarios “por su desempeño como jurista y como Ministro, pero especialmente por apoyar la decisión más reciente de este máximo órgano de justicia de México, que refrendó el alcance universal de los preceptos constitucionales que rigen al país y que son la base de una sociedad democrática, libre y tolerante”.

En su exposición, el Ministro analizó tres paradigmas que consideró esenciales y sobre los que descansa el nuevo sistema penal acusatorio.

El primer cambio de paradigma, precisó, es en el que se transita del juicio como único medio para la solución de la conflictiva penal, a la creación de toda una gama de medios alternos de juicio y la reducción de éste, a última y excepcional opción.

En el segundo se abandona el principio de no incriminación para dar paso a la autoincriminación, que es el cambio paradigmático más importante, “de esto depende el principio anterior, que operen las medidas alternativas. No se trata de cualquier tipo de autoincriminación, debe ser voluntaria y con conocimiento de las consecuencias”.

En el tercer cambio de paradigma, se sustituye la escritura en su doble vertiente de respaldo de las actuaciones y de comunicación entre el juez y las partes por la oralidad. En esta parte, el sistema obliga al juez a prescindir de dos de sus apoyos sustanciales; el expediente y el secretario proyectista. “La idea es que sea el juez el que dicte personalmente la sentencia”.

Entre los retos por superar en la Reforma, mencionó el evitar que al común de los ciudadanos se termine por obligar a ir por la justicia alternativa.

El Ministro concluyó que la crisis del sistema penal aún vigente está a la vista, y de ahí que sea impostergable el cambio. “El sentimiento de que ya no satisface a la sociedad es generalizado; el ofendido y el inculpado no encuentran en él satisfacción a sus reclamos. Incluso, quien lo opera, ministerio público y jueces, más que causantes se sienten también víctimas de este sistema viciado”, concluyó.

Guadalajara, Jal., 28 de agosto de 2010.
Texto: Elizabeth Raygoza
Fotografía: José María Martínez
Edición de noticias: Lupita Cárdenas Cuevas